"El color de la verdad"
En marzo de 2003 la revista National Gepgraphic publicó un artículo de Andrew Cockburn que trataba a Puerto Rico y que fue titulado "True Color"o "El color de la verdad" en su versión en español. El artículo es una crítico que habla desde el nacionalismo interno de todos los puertorriqueños así como de sus características, costumbres y tradiciones hasta los problemas políticos y sociales que a diario ocupan las primeras planas del país. Habla de lo bueno y también de lo malo. Las reacciones de los puerto rriqueños fueron en su mayoría negativas al punto de que el Comisionado Residente en Washington en aquel momento y actual gobernador de Puerto Rico, Aníbal Acevedo Vilá, redactó una extensa carta en la que condenó el artículo. El porqué de estas reacciones negativos es algo que aún no asimilo.
El hecho de que se mencione la desaparición del paisaje de Puerto Rico bajo las construcciones de concreto, que diga diga que hacemos chistes despectivos de dominicanos y que aparezca una fotografía de un usuario de drogas al momento de inyectarse su dosis entre otras cosas puede resultar incómodo; es incómodo. Pero como toda verdad, duele. Y sin embargo, no hay en el artículo una sola cosa que yo como ciudadana de este magnífico y complicado país que en tales páginas se presentó y por lo tanto no me opongo de ninguna manera al mismo.
El artículo cuenta la historia de Puerto Rico, la misma que hemos estudiado desde grados elementales y presenta los mismos problemas que a diario vivimos. Es difícil aceptar que un artículo que presenta nuestra cruda realidad sea leído por millones de personas cuando nos vanagloriamos ante el mundo entero como "la isla del encanto" y que nuestros desencantos le den la vuelta al planeta.
Puede ser que Andrew Cockburn en alianza con Amy Toensing hayan optado por darle espacio a la realidad (quizás por eso se llama "True Colors") eliminando el ícono de orgullo patrio de la garita de El Morro con el mar de fondo y presentando las verdaderas caras de los habitantes puertorriqueños, tanto con sus virtudes como con sus defectos. Puede ser también que en las fotos las vistas panóramicas no presenten las lujosas residencias de Montehiedra y del resto del área metropolitana, que Gina Avilés se mueva sudorosa al ritmo de la bomba en vez de estar bailando salsa de salón en Caribe Hilton, que haya un taxi en vez de el auto lujoso del dueño de una de esas empresas explotadoras, que la quinceañera no sea la esbelta hija de un médico y que su fiesta no se haya celebrado en ningún country club y que la única muestra de la clase rica en el artículo parezca más bien una parodia de las mujeres de la alta sociedad que "disfrutan de un partido de polo" como enajenadas del resto del mundo.
Quizás en muchas ocasiones no se muestra la mejor cara de Puerto Rico, National Geographic no es una guía turística, pero no se puede negar que muestra lo que en parte somos. Podremos decir que somos los mas hospitalarios, pero ¿a cuantos gringos americanos acogemos en nuestro hogar? También somos los más generosos, y nos llenamos la boca diciendo de toda la ayuda que hemos enviado a tal o más cual país damnificado por aquel huracán, y en nuestro propio país nuestros compatriotas se mueren en vida y nosotros no hacemos nada para salvarlos, subimos la ventanilla del carro, miramos para el otro lado, le cerramos la puerta en la cara. Cuatro Miss Universo, cientos de mujeres que mueren anualmente víctimas de violencia doméstica. Tito Trinidad pelió y le ganó a aquel; en nuestro país la guerra en el bajo mundo de la dorga y el narcotráfico es el pan de cada día. ¿El país más feliz del mundo? Mira,riendo para no llorar.
Somos la isla del encanto, pero esta también tiene sus desencantos. Es hora de despertar del sueño del güiro y las maracas y sí hay que molestarse, porque esa cara que nos duele y nos avergüuenza ante el mundo es producto de nuestra propia ignorancia, de la dejadez y la despreocupación, de la falta de conciencia ante asuntos que nosotros mismos creamos y que es a nosotros que nos toca resolverlos dándoles la atención ameritan.
El ser consciente y realista no tiene porqué restarle a mi orgullo como puertorriqueña, al contrario, me hace querer hacer algo porque las cosas mejoren cada día.
¡Despierta boricua!... defiende lo tuyo